DISFRUTAR DE UN VINO

DISFRUTAR DE UN VINO ES FACIL

La verdad es que hoy en día esta de moda el saber de vinos y gastronomía; de gastronomía, no es muy difícil ya que todos consumimos habitualmente un mínimo de dos comidas al día y si nos fijamos un poco, se aprende rápido, además recordamos aquellos maravillosos platos de nuestra abuela, nuestra madre, o aquellas tapas de aquel bar.

Pero parece que para saber de vinos hay que ser un experto, particularmente creo que nos están intentado “vender la moto” (nos quieren engañar) creo que en el vino como ocurre en otras disciplinas, hoy en día hay que estar formado, y siempre he creído que la formación es buena, pero creo que en el vino como en otras muchas facetas, hay muchos que dan cursos y sus conocimientos son casi nulos.



Hace nueve meses recibí un curso de cata de vinos y la verdad es que el profesor parecía que sabia mucho, hablaba muy bien, decía muchas cosas de los vinos y, la verdad pensé que había aprendido mucho, que casi todos los grandes vinos eran caros, que hay un ritual mega importante que es imprescindible para beber un buen vino, la verdad es que cada vez que lo pienso, creo que me lavaron el cerebro como se encanta a una serpiente, incluso me da la impresión de que casi me hacen entrar en una secta religiosa.

Pero hace unos dos meses conocí en una taberna de vinos de la Cava Baja de Madrid, a unas mujeres que también son aficionadas al vino y que mientras yo decía muchas cosas del vino, ellas solo lo disfrutaban. Esto me hizo pensar, yo ¿Para que bebo vino? ¿Para decir sandeces o para disfrutarlo?.

Volví a quedar con ellas y la verdad es que ellas si que sabían de vino y yo parecía un pedante, soltando cuatro frases que me había aprendido, diciendo cosas incoherentes que, la verdad sea dicha me inventaba en muchas ocasiones.

La compañía era maravillosa, especialmente la pelirroja y cada vez que yo abría la boca para comentar algo de un vino, se miraban con picardía. Con el tiempo y confianza, me comentaron que ellas también habían recibido un curso y que les habían hablado de parlanchines como yo, que creen saber de vinos y no tienen ni idea, que es un tipo de personas muy habitual en las zonas de vino y lo importante de un vino es sentirlo.

Al final, me dijeron donde y quien les había dado el curso de vinos, en la primera clase lo que decía ese profesor, era muy diferente a lo que me habían enseñado a mí, incluso discutí varias veces con él. Al terminar la clase, le bombardee con preguntas y la verdad es que, alguna no le sentó bien, para terminar me dijo, usted es un fanfarrón del vino, si quiere aprender escuche y medite, aquí tiene su dinero y no vuelva si va estar como hoy.

Estuve dudando si volver o no al curso, pero la verdad me decidí y volví a la siguiente clase. Hice lo que me comento, escucharle y meditar esas palabras, abrir mi mente y pensar en la importancia de los sentidos, del método que no había recibido anteriormente, unas nociones sencillas y que me satisfacían, cosas lógicas que comencé a sentir.

Lo que más me marco de sus enseñanzas fueron varios princios:

Para saber de vinos, no es necesario recibir un curso, como tampoco lo es para escuchar música o ver un cuadro. Esta claro que si sabemos del tema podremos apreciar mucho más y encontrar más cosas, pero lo importante es tener interés en disfrutar.
El vino es del que lo disfruta, no del que dice muchos adjetivos, que en muchas ocasiones parecen más poetas que catadores.
Los sentidos, los podemos entrar y para ello no hay más que fijarnos al ver, oler, saborear y tocar.

La verdad es que aprendí una forma nueva de sentir la vida, beber y comer no es solo una necesidad fisiológica de alimentarnos, aprendí a disfrutar de los placeres de la gastronomía y de todo lo que me rodea.

Para disfrutar de un vino es necesario, un momento de relajación, alegría y una buena compañía ya que el vino invita hablar, y es en ese momento cuando realmente disfrutamos de la vida.

Por ello os doy un consejo, que se puede extrapolar a todas las facetas, “Lo importante NO es recibir cursos, sino que él que los de tenga unos buenos conocimientos y sobretodo los sepa transmitir y que nosotros estemos receptivos para poder comprenderlos”.


Jesús Álvarez