BUCEO A PULMON

Buceo. 
Afición, deporte y riesgo

El mar, lo desconocido, la novedad, el movimiento y las sensaciones atraen al nadador a explorar un mundo diferente, vislumbrando la inmensidad del mar en una pequeñísima porción.

La novedad y el desconocimiento nos retraen a los años de la infancia, cuando todo era nuevo y sorprendente y nos sentimos igual que en esos años que pensábamos nunca se repetirían. Hay quienes se pasean con artilugios, con palos proyectables, unos tocando, otros mirando a distancia, otros cogiendo cosas para enseñar como si de niños se tratase y otros sin ningún pudor se dejan masajear por las calidas aguas.

El mar fué  nuestro medio, somos un mar andante, de agua y sal, sin embargo algunas partes de nuestro cuerpo han dejado de ser una ayuda en el mar. Tampoco las podemos despreciar porque están para mucho y también son delicadas.

Bucear es un deporte de mucho riesgo que no precisa en sí resistencia o fuerza como se entiende en otros deportes, es un deporte técnico que precisa entrenamiento, madurez y mucha prudencia.

Las partes del organismo que contienen aire, que están localizadas en la cabeza y los pulmones, son un 'Talón de Aquiles' del  que realiza inmersiones a profundidad. Así antes de bucear con equipo o a pulmón no se buceará por mucha rabia que nos el no aprovechar esos días que no trabajamos o durante las  vacaciones cuando estemos atacados por rinoreas (Mocos en abundancia), rinitis (Alergias estaciónales y perennes) y por supuesto cuando tenemos los senos irritados, con mocos e infección (sinusitis aguda o crónica). No es recomendable hacerlo cuando estas en tratamiento y te notas aliviado, así que, si te crees capaz vete al doctor y que el te diga si quiere ayudarte a tener menos probabilidades de sufrir la consecuencias del aire a presión atrapado en las cavidades craneales.

Una inmersión este verano  agosto 2004.  Ibiza - España

Son las siete y media de la tarde, me encuentro bien, respiro bien, he descansado, no me fui de parranda anoche hasta el coma etílico , he comido normalmente hace cuatro horas y hace horas una merendolilla, he bebido agua en abundancia, y estoy listo para darme un baño y profundizar en la Cala Talamanca, Ibiza, España. También estoy cansado de oír como le pone los tarros el de al lado a su mujer con una sudamericana.

Hoy voy solo, los demás están sesteando, ayer el viernes a las 3:00 am comenzaron otro tipo de expedición nocturna por la Ciudad de Ibiza. Alicia desde la paya vigila mis movimientos, me subo a la neumática y me alejo a unos 200 metros de la playa. Lanzo el ancla. Comienza el ritual.

Coloco la bandera en la neumática y ato al cabo del ancla el cabo de la boya de buzo. Busco las gafas de buceo, las de mínimo volumen de aire, que abarcan la nariz. No quiero problemas de presión en los ojos, (Esas son las buenas). Escupo sobre ellas y con el dedo extiendo la saliva por todas las partes, cristal y gomas, las sumerjo en el agua y las dejo sobre un lugar seguro con agua. Miro a mí alrededor, esta el velero que lleva dos días fondeado y castigado por la mala mar de los días anteriores, no están en cubierta, nadie a la vista. Me quito el bañador y me alegro de no ser un famoso más.

Me mojo la cara y los labios con agua, la frecuencia cardiaca debería bajar. Esta vez no usare plomo para compensar la flotabilidad por lo que vacio las gafas, me las pongo, me siento de espaldas y me sumerjo en el mar.

Lo primero asegurar el ancla, son unos 5 metros de profundidad. La visibilidad dentro del agua es excelente. Vacio mis pulmones hasta que noto que están descargados y los lleno de aire. Lentamente sigo el cabo del ancla, llevo dos metros de profundidad y antes de sentir molestias en los oídos, bloqueo la salida de aire con la mano sobre mi nariz e impulso un poquito de aire hacia ella, continuo el descenso a los cinco metros vuelvo a compensar las presiones, con la mínima cantidad de aire, no quiero perder nada del que tengo en los pulmones, ya que si los vacio, y como al subir los pulmones aumentarán de tamaño, llegaría arriba sin aire y podría desmayarme. Estoy cómodo aunque al no llevar peso al detenerme el mar tira de mí hacia arriba. Cojo el ancla de rejón y clavo a fondo dos puntas en la arena.

Ahora miro a mí alrededor, hay algo inusual, no hay ruidos, no hay peces, no se oyen las motos de agua, ningún sonido. Me escama.

Veo algas y algunos claros de arena, y una toalla al fondo de color blanquecino que se habrá caído de un barco. Ahora mis pulmones son algo mas pequeños y la presión favorece el intercambio de oxigeno en la sangre, aunque me encuentro bien es el momento de subir a la superficie, no me puedo distraer con las algas o buscando algún un animal escondido. Ha llegado el momento de subir antes de que me entre el hambre del aire o note movimientos en el diafragma. Me dejo llevar y asciendo dando giros de 360º grados con la mano hacia arriba. Veo la neumática, descanso un poco y espero a que el corazón se normalice.

Después de sucesivas inmersiones, veo que lo que creía una toalla va cogiendo forma de nave espacial triangular, con dos largos triángulos a los lados, me acerco a la neumática y continuo con inmersiones, pensando que es un pez grande descansando en el fondo como los angelotes o los chuchos que vi en el sur de Tenerife.- España

Ahora la cosa esta más cerca y comienzo el ascenso desde 3 metros, claramente veo un triangulo blanco con dos triángulos largos y estrechos a los lados y que lentamente se dirige hacia mí. Me dejo llevar por el mar hacia arriba, sin dejar de mirar a la cosa, llego a ver a lo que posteriormente califique de "mala persona", una cara con la sonrisa al revés. Un tiburón más grande que un buzo. Me sale la palabra "jodueeooaaarrr" que supongo oiría el bicho, y de repente me encontré dentro de la neumática, mirando si estaba entero. Para mí se terminaron las inmersiones por hoy. Desde la superficie ya no se veía nada.

Espero que esta aventura no os desanime, los encuentros son rarísimos y según dicen no atacan solo curiosean, eso sí, si ves a uno busca un lugar seco, no les des la espalda, muérdete la lengua y confía. Hay tiempo para escapar.

Jose Luis .-  joseluis@quedarpara.com