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Son las siete y media de la tarde, me encuentro bien, respiro bien, he descansado,
no me fui de parranda anoche hasta el coma etílico , he comido normalmente
hace cuatro horas y hace horas una merendolilla, he bebido
agua en abundancia, y estoy listo para darme un baño y profundizar en la
Cala
Talamanca, Ibiza, España. También estoy cansado de oír como le pone los
tarros el de al lado a su mujer con una sudamericana.
Hoy voy solo, los demás están
sesteando, ayer el viernes a las 3:00 am
comenzaron otro tipo de expedición nocturna por la Ciudad de Ibiza. Alicia
desde la paya vigila mis movimientos, me subo a la neumática y me alejo a
unos 200 metros de la playa. Lanzo el ancla. Comienza el ritual.
Coloco la bandera en la neumática y ato al cabo del ancla el cabo de la boya
de buzo. Busco las gafas de buceo, las de mínimo volumen de aire, que abarcan la
nariz. No quiero problemas de presión en los ojos, (Esas son las buenas).
Escupo sobre ellas y con el dedo extiendo la saliva por todas las partes,
cristal y gomas, las sumerjo en el agua y las dejo sobre un lugar seguro con
agua. Miro a mí alrededor, esta el velero que lleva dos días
fondeado y
castigado por la mala mar de los días anteriores, no están en cubierta,
nadie a la vista. Me quito el bañador y me alegro de no ser un famoso más.
Me mojo la cara y los labios con agua, la frecuencia cardiaca debería bajar.
Esta vez no usare plomo para compensar la flotabilidad por lo que
vacio las
gafas, me las pongo, me siento de espaldas y me sumerjo en el mar.
Lo primero asegurar el ancla, son unos 5 metros de profundidad. La
visibilidad dentro del agua es excelente. Vacio mis pulmones hasta que noto
que están descargados y los lleno de aire. Lentamente sigo el cabo del
ancla, llevo dos metros de profundidad y antes de sentir molestias en los
oídos, bloqueo la salida de aire con la mano sobre mi nariz e impulso un
poquito de aire hacia ella, continuo el descenso a los cinco metros vuelvo a
compensar las presiones, con la mínima cantidad de aire, no quiero perder
nada del que tengo en los pulmones, ya que si los vacio, y como al subir los
pulmones aumentarán de tamaño, llegaría arriba sin aire y podría
desmayarme. Estoy cómodo aunque al no llevar peso al detenerme el mar tira
de mí hacia arriba. Cojo el ancla de rejón y clavo a fondo dos puntas en la
arena.
Ahora miro a mí alrededor, hay algo inusual, no hay ruidos, no hay peces,
no se oyen las motos de agua, ningún sonido. Me escama.
Veo algas y algunos claros de arena, y una toalla al fondo de color
blanquecino que se habrá caído de un barco. Ahora mis pulmones son algo mas
pequeños y la presión favorece el intercambio de oxigeno en la sangre,
aunque me encuentro bien es el momento de subir a la superficie, no me
puedo distraer con las algas o buscando algún un animal escondido. Ha
llegado el momento de subir antes de que me entre el hambre del aire o note
movimientos en el diafragma. Me dejo llevar y asciendo dando giros de 360º
grados con la mano hacia arriba. Veo la neumática, descanso un poco y
espero a que el corazón se normalice.
Después de sucesivas inmersiones, veo que lo que creía una toalla va
cogiendo forma de nave espacial triangular, con dos largos triángulos a los
lados, me acerco a la neumática y continuo con inmersiones, pensando que es
un pez grande descansando en el fondo como los angelotes o los chuchos que
vi en el sur de Tenerife.- España
Ahora la cosa esta más cerca y comienzo el ascenso desde 3 metros,
claramente veo un triangulo blanco con dos triángulos largos y estrechos a
los lados y que lentamente se dirige hacia mí. Me dejo llevar por el mar
hacia arriba, sin dejar de mirar a la cosa, llego a ver a lo que
posteriormente califique de "mala persona", una cara con la sonrisa al
revés. Un tiburón más grande que un buzo. Me sale la palabra "jodueeooaaarrr" que
supongo oiría el bicho, y de repente me encontré dentro de la neumática,
mirando si estaba entero. Para mí se terminaron las inmersiones por hoy.
Desde la superficie ya no se veía nada.
Espero que esta aventura no os desanime, los encuentros son rarísimos y
según dicen no atacan solo curiosean, eso sí, si ves a uno busca un lugar
seco, no les des la espalda, muérdete la lengua y confía. Hay tiempo para
escapar.
Jose
Luis .- joseluis@quedarpara.com
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